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The Gard Grimore

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Maxximillian, descendiente de la paladín del antiguo imperio y la despreciada raza de los engendros, vivió hasta el final de los tiempo como un esclavo que cumplía con su deber de satisfacer las necesidades de sus amos. cuando por fin descubrió como ser libre, ya era el fin del mundo y una entidad de luz acabo con todo. Pero en el ultimo momento, su compañera de esclavitud Náitte, dejo a su cargo el Gard grimore, una de las armas forjadas por la gran Eule. Una extraña luz, y ahora el esta de vuelta en la época en que solo era un chico de 14 años, a la merced de sus parientes que le odian por el trágico destino que sufrió la paladín del imperio, llevando sobre sus hombros la responsabilidad de cambiar el destino que sufrirá el multi-verso. a manos de aquella entidad de luz.
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Maxximillian, descendiente de la paladín del antiguo imperio y la despreciada raza de los engendros, vivió hasta el final de los tiempo como un esclavo que cumplía con su deber de satisfacer las necesidades de sus amos. cuando por fin descubrió como ser libre, ya era el fin del mundo y una entidad de luz acabo con todo. Pero en el ultimo momento, su compañera de esclavitud Náitte, dejo a su cargo el Gard grimore, una de las armas forjadas por la gran Eule. Una extraña luz, y ahora el esta de vuelta en la época en que solo era un chico de 14 años, a la merced de sus parientes que le odian por el trágico destino que sufrió la paladín del imperio, llevando sobre sus hombros la responsabilidad de cambiar el destino que sufrirá el multi-verso. a manos de aquella entidad de luz.
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The Gard Grimore

Novela

The Gard Grimore

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Ene Ene
Adventure;  Ecchi;  Romance;  
Español||En marcha
Maxximillian, descendiente de la paladín del antiguo imperio y la despreciada raza de los engendros, vivió hasta el final de los tiempo como un esclavo que cumplía con su deber de satisfacer las necesidades de sus amos. cuando por fin descubrió como ser libre, ya era el fin del mundo y una entidad de luz acabo con todo. Pero en el ultimo momento, su compañera de esclavitud Náitte, dejo a su cargo el Gard grimore, una de las armas forjadas por la gran Eule. Una extraña luz, y ahora el esta de vuelta en la época en que solo era un chico de 14 años, a la merced de sus parientes que le odian por el trágico destino que sufrió la paladín del imperio, llevando sobre sus hombros la responsabilidad de cambiar el destino que sufrirá el multi-verso. a manos de aquella entidad de luz.
Herena perez
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Capítulos 9
Maxximillian, descendiente de la paladín del antiguo imperio y la despreciada raza de los engendros, vivió hasta el final de los tiempo como un esclavo que cumplía con su deber de satisfacer las necesidades de sus amos. cuando por fin descubrió como ser libre, ya era el fin del mundo y una entidad de luz acabo con todo. Pero en el ultimo momento, su compañera de esclavitud Náitte, dejo a su cargo el Gard grimore, una de las armas forjadas por la gran Eule. Una extraña luz, y ahora el esta de vuelta en la época en que solo era un chico de 14 años, a la merced de sus parientes que le odian por el trágico destino que sufrió la paladín del imperio, llevando sobre sus hombros la responsabilidad de cambiar el destino que sufrirá el multi-verso. a manos de aquella entidad de luz.
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La serie The Gard Grimore contiene violencia intensa, sangre / sangre, contenido sexual y / o lenguaje fuerte que puede no ser apropiado para menores de edad y, por lo tanto, está bloqueado para su protección. Entonces, si tienes más de la edad legal de 18 años.
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Capítulo 1
El final y el reinicio.
Pedazo a pedazo, las islas de prana caían una tras otra en el negro abismo. El cielo rojo también se estaba desmoronando ante los ojos de todos. Pero todos en realidad solo era un pequeño grupo de sobrevivientes. Hasta los confines, la voz de Kaku, retumba en carcajadas, burlándose por la caída obra de su hermano mayor. Burlándose por la obra que él ha destruido. Los oyentes, con un espíritu de batalla completamente quebrantado, solo pueden oírlo impotentes. Ya nadie es capaz de hacer nada al respecto, a ninguno le quedaba suficiente determinación para intentarlo y ahora todos huían despavoridos, buscando inútilmente un lugar para refugiarse. Entre los guerreros que huían, un hombre de opulento aspecto huía en un vehículo motorizado, sin importarle las personas que estaban en frente de él. Todo lo que le interesaba era su propia vida y quería estar a salvo y no tendría en consideración aquellas vidas que tomaba al golpearlos con su nave. “Es el fin del mundo, a quien le importa unos cuantos bastardes menos”. Se decía a sí mismo, tratando de hacerse sentir mejor. Mientras huía, una joven RabbitSkin tropieza cayendo al suelo. La nave de aquel egoísta hombre estaba a punto de golpearla, pero es frenada de golpe por un joven pelirrojo que la detiene con sus manos desnudas. – ¿Qué demonios? ¿Maxi? ¡Apártate del camino, animal estúpido! – Ranz… –El joven miro con ira a aquel sujeto. El deseaba golpearlo, pero se contuvo, respiro profundamente y pregunto con calma– Se suponía que liderarías la primera línea de sellado. ¿Qué sucedió? ¿Dónde están todos? ¿Dónde está Náitte? – Ja… –Una riza orgullosa se ahogó en la garganta de Ranz, convirtiéndose en amargura al recordar la situación en que se encontraban– Todo se ha ido a la mierda –Respondió– No queda nadie con vida, incluso esa perra debe estar muerta. Ahora, apártate de mi camino o tendré que activar comandos de dolor en ti para obligarte. Max rio con ironía para sí mismo. Toda su vida tuvo que obedecer como un esclavo más, fueron cientos de miles de años en que su voluntad se vio doblegada por las ordenes de sus diferentes amos. Ahora, por fin había descifrado el modo de liberarse de sus ataduras, pero el mundo parecía estar llegando a su final. Con rabia, tomo a Ranz por el cuello de su camisa y lo sacudió un par de veces, queriendo obligarlo a responder. – Dime donde mierdas dejaste a Náitte o te romperé las piernas y luego te arrojare a las islas inferiores. Viendo al chico a los ojos, Ranz pudo adivinar que ningún comando serviría más sobre él. Atemorizado y sin más opción, trago saliva antes de responder. – ¡Ya no tenía más opción, Kaku engulló a todos en su interior, tenía que escapar, pero alguien debía quedarse a pelear con el! Maxi pudo adivinar enseguida lo que había sucedido, aquel cobarde había usado algún comando para obligarla a quedarse luchando… No, Náitte era el tipo de esclava que sería completamente leal al amo que servía, ofreciéndose incondicionalmente. Seguramente el solo tuvo la necesidad de sugerir su escape y ella actuó de inmediato. El joven pelirrojo sentía necesidad de cobrarse allí mismo todo lo que este hombre les había hecho pasar a ellos dos y muchos otros esclavos, pero sabía que sería tiempo que perdería en ir a ayudar a Náitte. Arrojando al individuo en el interior del vehículo, Maxi continuo su camino, corriendo a tal velocidad que el aire parecía doblarse a su espalda. El joven se dirigía directo al centro de aquel caos, con la determinación de luchar que ya nadie más tenia. Pero al final, eso tampoco fue suficiente, y las razas mortales, junto con el ninhem fueron completamente destruidos. – Kufufufufufufufu…. –Kaku reía con satisfacción, observando la joven pareja que se había enfrentado a él hasta el final, flotando en el vacío caótico. –Mocosa humana… Y tú, descendiente de los engendros. Justo cuando pensaba que ya nada podía interponerse en mi camino, vinieron ustedes dos y me hicieron pasar un momento difícil. Debo decir que fue muy divertido. Es una lástima que ya no quedara nada más para recompensarlos. Sin embargo, puedo ofrecerles conservar su conciencia dentro de la mía cuando los haya absorbido. Piénsenlo. no es un mal trato. gobernaremos sobre el caos, juntos, por el resto de la eternidad. – Nosotros… –Maxi se vio tentado a aceptar de inmediato, pero se contuvo. Regresando la mirada a su compañera que sostenía, mal herida entre sus brazos. Él sabía que ya no quedaba nada por que seguir luchando; el mundo entero había llegado a su final. Pero, aun así, quería poder salvarla a ella y aquella propuesta que les tendía la entidad de luz parecía ser el único modo ahora. –No hace falta. – Náite se adelantó a responder, conociendo las intenciones de Maxi. – Si realmente piensas de ese modo, solo déjanos morir en paz. Tras estas palabras, ella trazo una línea de luz en el aire con sus dedos, abriéndose una brecha dimensional a través de la cual escaparon de la vista del ente de luz. – ¿Escaparon? Bueno, no es como si hubiera algún lugar donde esconderse de mí. Incluso si lo hubiera, tengo toda la eternidad para encontrarlos. Supongo que cumpliré su último deseo y los dejare en paz por ahora. No muy lejos de allí, ocultos a través de grietas dimensionales, se encontraban aquel par. Náite tosía con fuerza, escupiendo sangre en el proceso. Su momento final podía verse llegar pronto. – ¡Tonta! ¡Si aún podías usar magia, debiste concentrarte en sanarte mientras huías y no en llevarme contigo! Sabes que mi cuerpo no puede morir… –Maxi contenía sus lágrimas mientras regañaba a Náitte. El conocía muy bien los límites de su compañera con la que había luchado hombro con hombro durante cientos de años. sabia cuanto de su poder había usado durante la anterior batalla y como sobre esforzarse deterioraría rápidamente la poca salud que le quedaba. – Yo… solo actué sin pensarlo. Mi cuerpo se movió por su propia cuenta. –La chica contesto con una sonrisa atenuada por el dolor. Enseguida su mano mojada con su propia sangre acaricio la mejilla del chico y pregunto– ¿En realidad pensabas dejar que esa cosa nos engullera? Maxi no pudo responder en absoluto la pregunta de Náitte. El casi había tomado esa decisión por su cuenta sin habérselo consultado a ella. Aunque desde su propia perspectiva esa parecía ser la mejor opción en aquella situación, no era algo que debiera decidir por su propia cuenta. – Sin duda parece ser una buena idea –Ella noto la presión que estaba ejerciendo aquella pregunta sobre el corazón de Maxi e intento suavizar la tensión de nuevo– nuestras dos conciencias juntas por el resto de la eternidad. Es como uno de esos cuentos de hadas que me leías cuando era pequeña. Sin duda también tomaría esa opción, si no pensara que aún hay otro modo. – ¿Otro modo? –Pregunto estupefacto Maxi, observando cómo, con los últimos vestigios de su mana, Náitte materializaba ante sus ojos un hermoso grimorio, finamente decorado con bordes dorados e hilos de seda roja– Eso es… ¿El tomo del fin? – ¿El tomo del fin? Si mal no recuerdo, ese es uno de los muchos grimorios que hay sellados dentro de estas tapas… Bueno Eso no es muy importante ahora mismo. Desde ahora, quiero que seas tú quien se ocupe de ella y corrija los errores que los humanos cometimos en el pasado. Náite, con su mano herida, tomo la mano herida de Maxi, dejando que la sangre de ambos se mezclara y algunas gotas cayeran sobre sobre las hermosas tapas del grimorio. – Sé que es egoísta de mi parte pedirte que hagas esto por nosotros que te hemos causado tanto daño, pero espero que puedas encontrar algo de misericordia en tu corazón y nos ayudes a crear un final diferente. Al impregnarse la sangre de ambos sobre el grimorio, un círculo mágico destella una gran luz desde este, cegando completamente los ojos de ambos y llenando por completo el oscuro vacío… … … … … … ¡Slap! Aunque en el momento la conciencia del pelirrojo parecía difusa, era difícil no conocer aquel sonido. No, el sonido por sí solo no significaba nada, pero la sensación de calor en su mejilla, con ese ligero ardor. Como si hubiesen puesto una cuchara caliente sobre la piel de su rostro. Estaba bastante claro, acababa de recibir una fuerte bofetada. Ya había transcurrido bastante tiempo desde la última vez que recibió este tipo de castigo físico. El casi lo había olvidado. Solo los parientes de su madre, la gran paladín del imperio, lo abofeteaban en un tiempo muy remoto; desde que se había convertido en esclavo, solía ser azotado o puesto de rodillas con rocas muy pesadas sobre su espalda. Poco a poco la luz volvió a los ojos del joven, encontrándose ante una escena un poco inusual. Lo inusual del caso no era lo que sucedía. Había una mujer de muy pulcro aspecto frente al él, propinándole una segunda bofetada en la otra mejilla. Lo inusual era que aquella mujer había muerto ya hace decenas de miles de años. – Ya entiendo. Al parecer morí y nos hemos encontrado en el infierno. – ¿Eh? – La mujer, quien estaba a punto de propinarle una tercera bofetada, se detuvo confundida por las palabras del pelirrojo– ¿De qué demonios estás hablando? ¿Ya se te aflojo un tornillo con los golpes? – Eres mi prima… ¿Madea, cierto? Madea se encogió de hombros un poco asustada. Du intención al abofetear al chico, era solo asustarlo un poco para conseguir lo que quería. Así era como ella actuaba siempre con sus hermanos menores, era el modo que sus padres le habían inculcado desde muy pequeña. Pero ahora su primo, a quien ella estaba golpeando, comenzaba a actuar de modo muy raro, como si algo estuviera mal en su cabeza. – Q… ¿Quién más seria si no yo? –respondió titubeando. Ante la respuesta positiva por parte de su prima, la aturdida mente del chico, intento procesar la información que tenía, pero todo seguía siendo muy difuso. “Hasta hace unos segundos yo estaba peleando… no, en realidad ya había sido derrotado. Yo estaba con Náitte y luego esa luz…” – Madea ¿Dónde estamos? ¿Qué fecha es hoy? – No puede ser. Esta vez me excedí. –susurro la joven para sí misma y como queriendo enmendar sus errores de inmediato respondió en tono preocupado– Estamos en el sótano de tu casa… el tercer sótano es el dia 67 del quinto año del gran emperador Long heart. Maxi nuevamente se quedó en silencio, perdido en sus pensamientos, causando más preocupación en la joven. Ella mordió sus uñas pensando en las consecuencias que podrían traer sus actos pasado hacia el joven. Como aquella vez que había tomado el collar de perlas de su difunta tía, incluso cuando el chico intentaba cuidar cada cosa que había dejado su madre en la habitación principal antes de marcharse. También estaba aquella vez que Maxi tardo en venir a la mesa a comer y ella dio la comida del chico al perro. Y así había tantas cosas que podía recordar e imaginaba como se iba a desquitar él. “¿Que está pasando conmigo? Ese chico es el mismo Maxi de siempre. ¿Por qué de pronto siento tanto miedo de él? Es solo un mocoso tonto al que mis padres pueden manipular para vivir cómodamente en el ducado” Madea volvió su mirada hacia el chico queriendo convencerse a sí misma, pero se encontró con una aterradora mirada perdida por parte del chico, quien se encontraba completamente perdido en sus pensamientos. El corazón de Madea tembló y sus rodillas desfallecieron, dejándola caer sentada en el suelo. Maxi, por su parte, seguía analizando la situación en la que se encontraba. Él estaba completamente seguro de haber presenciado el fin del mundo. Aun así, justo ahora se encontraba en el viejo castillo que le había dejado su madre, frente a su prima que se suponía había muerto decenas de miles de años atrás. Pero eso no era todo, al detenerse un momento a revisar su propio cuerpo, pudo notar la ausencia de cicatrices y heridas, además también hacía falta bastante masa muscular. Su cuerpo era el de un joven enclenque de 13 0 14 años de edad. “Yo… ¿He renacido? ¿Cómo es eso posible? ¿Acaso tiene algo que ver con aquel extraño grimorio? Y entonces ¿Qué sucedió con Náitte? ¡Cierto! ¡Si realmente es la fecha que Madea dice, Náitte ni siquiera ha nacido! Esto en realidad es…” – Es tres semanas antes de que tus padres me vendan como esclavo. Madea quedo completamente congelada ante la afirmación del chico. Incluso si sabía que sus padres tenían una horrible personalidad y que eran unos malagradecidos, no quería pensar que fueran el tipo de personas que venderían a su propia familia como esclavos. – Ellos no harían tal cosa. Además, aunque aún eres joven, eres el conde de Cadia. No hay modo que ellos pudieran venderte. – ¿No lo sabes? – Maxi miró curioso a la chica. Ella era la hija de aquellas personas que habían iniciado su larga vida de sufrimiento. Todo había comenzado en uno de los sótanos de esa misma mansión, con una interminable tortura a fin de que el entregara los códigos para acceder a la bóveda. Sus uñas fueron arrancadas y rasgados sus labios. La mayor parte de su piel fue quemada con ácidos y fierros ardientes. El único motivo por el que había sobrevivido era porque solo la mitad de sí mismo era humana. La otra parte era la vergonzosa descendencia de una de las razas más impuras e inferiores en todo el Ninhem. Su padre era un engendro que abuso de su madre cuando esta no podía defenderse. Maxi miro a Madea fijamente con intención asesina, sin embargo, por algún motivo su sed de sangre no era muy alta. Justo ahora él era incapaz de odiar a la joven tonta que se encontraba sentada frente a él, temblando y con un ligero olor a orina proviniendo de ella. – Soy mitad engendro. Tus padres han conseguido el apoyo de territorios vecinos a fin de derrocarme. Sin embargo, no es tan simple. Necesitan un código de acceso para abrir la bóveda principal y obtener el control de la mansión. Para ello planean torturarme a fin de sacarme esa información. – No puede ser… ellos no… – ¿No puedes creerme? ¿Qué tal si intentas mirarlo por ti misma? Solo necesitas dar un vistazo en el sótano de la quinta torre. Luego saca tus propias conclusiones. Tras aquellas palabras, Maxi subió por las escaleras dirigiéndose al exterior del sótano y luego se fue a su habitación. Medea, aun sin por levantarse, soltó un largo suspiro y luego se mordió los labios con rabia. En su interior no sabía con exactitud cuál era la fuente de su enojo. Ser tratada de aquel modo por aquel mocoso a quien estaba acostumbrada a manejar como cualquiera de sus hermanos menores, o las cosas que él había dicho de sus padres. “¿Ser tratada como?” se preguntó al percatarse de algo. “Él no me ha hecho nada. Solo fui yo misma asustándome de él por algún extraño motivo. Si ese es el caso, estoy es frustrada por las cosas que dijo de mamá y papá. En ese caso solo debo comprobar lo opuesto, pero ¿Cómo?... ¡Cierto! El sótano de la quinta torre fue lo que él dijo. Si voy allí y no encuentro nada sospechoso le probare que solo son fantasías suyas. Como Pudo, Madea se colocó en pie, dejando aquel sótano para dirigirse al otro que Maxi le había indicado, olvidando por completo el accidente que acababa de ocurrirle… Desde su habitación en el sexto piso de la segunda torre en la mansión del ducado, Maxi observaba por la ventana hacia el horizonte. El no terminaba de procesar lo que acababa de ocurrirle, aunque no era como si se sintiera incomodo con ello. Maxi solo necesitaba algo más de tiempo para analizarlo todo y aceptarlo como la realidad. A través del palco en su ventana, podía observar casi toda la ciudad e incluso bosque más allá que comprendían su territorio. El territorio que su madre le había heredado. Una gran nostalgia y dolor inundaron su corazón al recordar como en el pasado había sido traicionado por su propia familia y lo habían vendido como esclavo. Después de eso aquel territorio, las 5 ciudades y 13 aldeas que lo comprendían, terminaron en completa ruina por la falta de alguien de su línea de sangre dirigiéndolo. El dolor de las quemaduras y cicatrices en todo su cuerpo. Los abusos que sufrió por parte de aquellos que se llamaron a sí mismos sus amos; como su cuerpo fue ultrajado una y otra vez, hasta que se aburrían y luego lo desechaban. Y después de eso, la destrucción de aquel primer mundo que conocía y la llegada a un nuevo mundo completamente diferente. En aquel momento por un instante él había sentido algo de esperanza, sin embargo, su condición como esclavo hizo que su llegada a ese nuevo mundo fuera incluso peor que su estadía en el anterior. Las cosas fueron completamente difíciles para el hasta el final y cuando por fin había conseguido un método para liberarse, el mundo, o más bien el multiverso, llego a su final. Pero extrañamente, gracias a las acciones de Náitte en aquel último instante, ahora tenía la oportunidad una nueva oportunidad de vivir, corrigiendo todo aquello que salió mal antes… por lo menos aquello que estaba bajo su control. No es como si el actual débil el, pudiera evitar la destrucción de aquel primer mundo. Sin embargo, tal vez podría manipular un poco las cosas para ayudar a sobrevivir personas que pudiera tomar como aliados. Por supuesto, manteniendo presente su venganza personal contra la raza humana. Mientras tenia esos pensamientos en mente, Maxi observo por su ventana, a la joven Madea, corriendo a través de los jardines. Ella se dirigía apresurada a la quinta torre de la mansión, queriendo comprobar por si misma las palabras de su primo. Quería saber por si misma si el crimen del que sus padres eran acusados era real o no. Al verla de tal modo, los recuerdos de Náitte y aquella última petición que ella le hizo antes de que todo se volviera borroso, regresaron a su mente, refrenando toda la sed de sangre que hasta hace un momento le inundaban. “Es cierto. Incluso en una rasa tan podrida como lo son los humanos, aún existen individuos que vale la pena salvar. Incluso yo mismo soy mitad humano. No voy a caer tan bajo como el resto de ellos”.
sigue leyendo
El final y el reinicio.
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